Enseñar música desde las preferencias musicales de hoy

Muchas veces sin percibirlo, las generaciones nacidas a inicios de este siglo (nativos digitales) viven inmersas en un ambiente lleno de música. De esto nos percatamos los educadores al iniciar las clases con niños y adolescentes.

Al ser preguntados por sus preferencias musicales, es habitual la respuesta: “No escucho mucha música”. Luego, conforme se crea un ambiente de confianza y retroalimentación entre profesor y alumno, estos últimos se percatan de que la escuchan (y disfrutan) constantemente a través de juegos en línea, bandas sonoras de películas y/o series, e incluso memes audiovisuales, todos objetos de entretenimiento muy consumidos por estas generaciones. La música siempre ha estado allí, solo que no lo habían notado.

Utilizar música en el proceso educativo musical enriquece el aprendizaje (los alumnos se motivan al tocar un repertorio con el cual se sienten identificados generacionalmente); pero hacer provechosa esta incorporación implica un paso previo –o, más bien, un proceso largo–, que compete exclusivamente al educador e implica una apertura de oídos junto con la investigación concienzuda.

La apertura de oídos consiste en la inmersión en los nuevos espacios donde brota la música que nuestros alumnos escuchan y la comprensión desprejuiciada de sus peculiaridades estilísticas. Desprejuiciarse implica la suspensión momentánea y pedagógica de las preferencias personales del educador, algo que se logra con la práctica, tal como se aprende a tocar un instrumento.

La investigación, que no va desligada de la apertura de oídos, es la ordenación sistemática de este repertorio en base a criterios pedagógicos y musicales, para así incorporarla al proceso de aprendizaje, sin dejar vacíos en la formación del alumno.

¿Qué nos proporciona esta estrategia? A corto plazo, la atención y motivación del alumno; y a largo plazo, la base para un aprendizaje significativo y una visión histórica, que permite trazar puentes entre la música de hoy y la del pasado.

Las creaciones musicales más recientes (incluso las más futuristas y tecnológicas) nos remiten siempre a hitos previos y a la magia del proceso educativo musical; además de hacer música, llevan a descubrir estos puentes. Así, la música se convierte en una herramienta de diálogo. ¿No es acaso la música uno de los instrumentos más eficaces para unirnos como seres humanos? ¡Aprovechemos esta oportunidad!

Aranda Rondinel

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